Hoy responde: Dante Galdona *
¿Cuáles son tus autores preferidos en literatura, cine y música?
Literatura: Arlt, Borges, Cortázar: el ABC de la literatura argentina. Además de aquellos en los que coincidimos casi todos los escritores, de los argentinos siempre nombro a Humberto Constantini cuando me hacen esta pregunta. Es un cuentista subvalorado, a mi entender. “Háblenme de Funes”, “Aquí llamando”, “El 42 y las lentejuelas” y “El cielo entre los durmientes” son obras que rozan lo más alto de la técnica y provocan emociones difícilmente alcanzables. Recomiendo mucho su lectura. Puedo agregar a Marechal, Bioy, ciertas obras de Sabato, Conti. Entre los internacionales tengo a Hemingway como un ineludible y a Murakami como la esperanza viva de la ficción. Carver, un punto central entre los cuentistas; Rulfo, el padre del realismo mágico; Céline…, no dejemos de leer a Céline. Me olvido de muchos.
Cine: Las películas de Charlie Kaufman me provocan sensaciones al punto de repensar la vida de cero a cien. Lars von Trier, con Dogville (2003), sobre todo, me cambió la manera de ver cine. Alex de la Iglesia es inevitable, su forma tan humana de reírse junto al público supera a otro grande como Tarantino. Recomiendo que nadie se pierda la experiencia de ver las películas de Miyazaki con sus hijos, uno siente que hay un hilo que conecta ambas almas. Estoy seguro de olvidarme de muchos otros que me marcaron.
Música: entre los argentinos pido de rodillas que escuchemos todo lo que hizo el Indio Solari, leamos sus letras y nos liberemos de ciertos prejuicios fomentados por la crítica y la opinión pública. Martín Kohan dice que Borges fundó una literatura. Yo digo que Solari fundó una poesía. Las letras de Solari no siempre expresan lo que los críticos dicen. A eso se suma que la música está en perfecto tempo con el concepto. El embate emocional es doble: desde la música y desde la palabra.
Piazzolla debe ser el más internacional de los argentinos, reinventó el tango y lo llevó a un nivel superlativo, no entiendo cómo pudo ser tan criticado un músico así.
Siempre me emocionó José Larralde, la capacidad de hacer tanto sólo con la voz y la guitarra. El ejemplo claro de que menos es más.
El Cuarteto de Nos y sus referencias borgianas me hacen creer que la música y la literatura tienen algo más en común que la mera conjunción de sonido y lírica. Los redescubrí gracias a Eloísa, mi hija, dueña de un oído musical envidiable. También gracias a ella estoy disfrutando a Wos, siento que ese pibe nos va a regalar una explosión en nuestra música.
Pink Floyd es inagotable, nunca me canso de escuchar a Pink Floyd.
¿Qué libro/s estás leyendo en este momento?
Estoy en un momento hermoso. Ya no tengo obligación laboral de leer libros de agenda y puedo volver a lo que me enamoró de la literatura: los clásicos. Empecé un pendiente: La guerra y la paz; y pienso seguir por ese lado, todo lo que pueda ponerme al día con los rusos. También estoy con el I Ching, préstamo de Marcelo di Marco.
¿Qué cinco títulos creés necesarios para la formación del escritor?
Sin dudas, Taller de Corte y Corrección. No lo digo ahora, que el máster es mi amigo y una especie de padre. Lo dije cuando salió la primera edición, cuando yo no conocía a Marcelo y no me imaginaba que algún día fuera a conocerlo. Lo sostuve durante todos estos años. Recuerdo aquellos días en que lo descubrí. Andaba como loco entre el mundillo literario de la época con el libro, como si fuera una biblia, al casi grito de “acá está nuestra solución” para terminar de deambular entre talleres literarios con buenas intenciones pero con escasa pedagogía. En esa época había sólo dos talleres en Mar del Plata que valían la pena: Daniel Boggio en narrativa y Marcela Predieri en poesía. Pero las posibilidades de entrar eran intermitentes. Con Taller de Corte y Corrección tenías el taller que querías en tus manos todo el tiempo. Muchos años después, llegó a la redacción donde yo editaba el suplemento literario una hermosa sorpresa: un ejemplar de la nueva edición de TCyC y una carta de puño y letra de quien hasta ese momento había sido mi maestro en ausencia física. La carta decía, con la humildad de los grandes, que se acababa de mudar a Mar del Plata y algo así como que se ponía a disposición… ¡él a disposición del suplemento! Por unos segundos pensé que era una broma. No lo fue. “Maestro, escriba lo que quiera para nosotros”, le dije. Y ahí está mi orgullo aún vigente, la columna de Pukkas y el Tío Marce, Con tener talento no te alcanza.
Otros libros importantes: Ser escritor, de Abelardo Castillo; Mientras escribo, de King; los “trucs” de Quiroga; Zen en el arte de escribir, de Bradbury; las entrevistas de The Paris Review a escritores, donde recomiendo poner tanta atención en las preguntas como en las respuestas, algunos de esos reportajes son máster clases de periodismo cultural; y los Atreverse…, de Marcelo di Marco y Nomi Pendzik. Todos los ensayos de Piglia y, además, Respiración artificial, que si bien es una novela también es una reflexión sobre la literatura y el arte de escribir. Los capítulos prescindibles de Rayuela pueden ayudar mucho a un escritor también.
¿Cuál es el método de trabajo que considerás más efectivo para tu literatura?
Aunque me esfuerzo mucho para que no me pase, no puedo organizarme para escribir cuando se trata de mis textos. Lo hago cuando es inevitable. Quizá sea un defecto de la profesión, en la que los tiempos siempre están empujándote al precipicio. Es un gran error, una lástima. Lucho un montón contra eso, pero no lo puedo evitar. Si no me corre una fecha de entrega no puedo sentarme a escribir. Ahora, bajo esa presión, todo se acomoda y los textos fluyen. Lo único que hago más o menos constantemente es escribir ideas que me asaltan por la noche, en sueños o en el pasaje entre sueño y vigilia. Algunas de esas ideas luego se transforman en cuentos. Soy de la idea de que sentarse a escribir es uno de los últimos pasos del escritor. Antes de eso está la rumiante idea dando vueltas e invadiendo toda la vida de un escritor, este proceso puede durar días o años. Cuando me siento a escribir, el texto ya fue gestado. Otro consejo que puedo dar es estar dispuesto a detenerse en cualquier momento a observar la vida cotidiana: una conversación en la calle, el reflejo de una luz sobre un vidrio, el color de una flor y cómo se comporta con el viento, una línea de la calle que forme algún dibujo… esas cosas que están ahí pero nadie las ve. El trabajo de un escritor es ver lo que nadie ve y contarlo. Recomiendo tomarse horas para estas cosas, aunque se corra el riesgo de parecer un psicótico cuando uno se detiene a analizar una gota que cae sobre un perro, o un perro que cae sobre un jubilado, o un jubilado que cae sobre la vereda de un banco, o un banco… no, los bancos no caen, pero los ejemplos van por ahí.
¿En qué te está ayudando más tu participación en el Taller de Corte y Corrección?
En la precisión de la corrección. El método de Di Marco es infalible cuando se trata de corregir textos. Sin corrección no hay obra, por más que uno sea el mejor escritor del mundo. Me ayuda mucho entender cómo piensan otros escritores mientras escriben y cuáles son los caminos intelectuales que los llevan a las elecciones que hacen. Entender por qué escribió lo que escribió tiene un doble beneficio: ayuda a que ese texto se escriba mejor, de la única manera posible, y a entenderse a uno mismo cuando escribe. No siempre uno se entiende, diría que la mayoría de las veces uno no se entiende aunque no sepa que no se entiende.
La yapa:
Una o dos cosas que nadie debería perderse (una sinfonía, una comida, un pintor, un enlace de Internet, etc.)
Los ñoquis de papa de mi mamá. Lamento que la mayoría de los lectores pueda sentir impotencia, pero no hay mejor sabor en este mundo. Me encantaría escribir como cocina mi mamá.

* Dante Galdona nació en 1978. Trabajó en prensa escrita, es escritor, corrector y editor. Autor de la novela La conversión del señor Tramayo (2025), publicada por editorial Bucanera.
Ganó varios premios de cuento y poesía y fue editor de la revista literaria marplatense El Brote. En 2006 entró en la redacción del diario La Capital de Mar del Plata como corrector de pruebas y estilo, oficio al que se le sumaron las tareas de redactor, columnista y editor del suplemento literario. Creó varias columnas, entre las que se destacan una dedicada a los premios Nobel de Literatura y “La gente anda leyendo”, una serie de crónicas sobre la lectura en las calles de Mar del Plata. También cubrió eventos culturales y literarios, entrevistas a escritores, y críticas y reseñas sobre novedades editoriales.
En la actualidad forma parte del equipo pedagógico del Taller de Corte y Corrección.





