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La tecnología al servicio del escritor

Por Rubén Martínez *

Hoy en día, algunas herramientas tecnológicas —como la inteligencia artificial— han sido injustamente satanizadas. Sin embargo, si echamos un vistazo a la historia de la humanidad, notaremos que siempre hemos buscado formas de simplificar nuestras tareas cotidianas. Y para lograrlo, recurrimos a objetos, sistemas y métodos que, en conjunto, conforman eso que llamamos tecnología.

Comento lo anterior porque recientemente comencé el proceso creativo de un cuento titulado “El que viene”. La recomendación del corrector de estilo fue dividir la labor en dos etapas: la primera consistía en aplicar un método llamado Tetracolori, creado por Marcelo di Marco, que implica resaltar en el escrito los verbos, sustantivos, adjetivos y otras categorías gramaticales con diferentes colores. En la segunda etapa se debía revisar el texto con base en el análisis arrojado por el Tetracolori, para sustituir, eliminar o transformar palabras que se repiten con frecuencia, y así mejorar la redacción.

En cuanto me encomendaron esa tarea, lo primero que pensé fue: ¿no habrá alguna aplicación que haga ese trabajo titánico por mí? Subrayar manualmente con distintos colores me tomaría mucho tiempo. Entonces me puse a buscar, y di con una herramienta llamada Voyant Tools.

Esta aplicación permite analizar textos de forma cuantitativa, lo que resulta de gran utilidad para identificar repeticiones, muletillas o temas poco desarrollados. Así, el escritor puede detectar áreas de oportunidad para enriquecer el vocabulario o equilibrar los temas tratados. Algunas de sus principales funciones son:

  • Permite subir el texto en diversos formatos: Word, PDF, HTML o simplemente copiando y pegando para que la herramienta lo analice.
  • Ya con el documento en la plataforma, en un apartado llamado Cirrus —parte superior derecha de la interfaz—, se genera una nube de palabras en la que los términos más usados se muestran en mayor tamaño. Al hacer clic sobre alguno< de ellos, se despliega una red de conexiones con otras palabras asociadas. Otro de los elementos de Cirrus es una lista, en orden jerárquico, que te permite ver las palabras y cuantas veces se repiten dentro del texto. 
  • Ofrece un resumen estadístico: número total de palabras, cuántas son únicas, cuántas se repiten y un indicador de densidad léxica (relación entre vocabulario único y total). Cuanto mayor sea ese índice, más variado es el léxico del texto.
  • Otro dato que incluye Voyant Tools es el índice de legibilidad (basado en la escala de Flesch), que estima la facilidad de lectura del texto. Mientras más cercano a 100, más fácil de leer resulta.

Todo esto está disponible en la herramienta. Sin embargo —y aunque no lo crean, aquí vienen los “peros”—, al momento de probarla me encontré con dos limitaciones. La primera: no se podía descargar el análisis realizado. La segunda: aunque el diagnóstico cuantitativo es útil, no me resolvía el problema original de resaltar palabras por categoría gramatical.

Triste, pero no vencido, seguí buscando. Tras una profunda zambullida digital, descubrí que Microsoft Word Online, en su versión de Microsoft 365, cuenta con una función llamada Lector Inmersivo, también disponible en Outlook, OneNote, Teams y Forms. La que yo utilicé fue OneNote. Si te interesa, puedes crear una cuenta gratuita desde este link.

Esta herramienta fue diseñada para mejorar la lectura y la escritura, y entre sus funciones destacan:

  • Lectura en voz alta: reproduce el texto y resalta las palabras mientras se leen.
  • Opciones de texto: permite modificar tamaño de fuente, espaciado, colores y fondo, para facilitar la lectura.
  • Traducción: traduce el texto completo o palabras individuales a más de cien idiomas.
  • Diccionario visual: muestra imágenes asociadas a las palabras, ideal para estudiantes o personas que aprenden un idioma.

Pero fue al encontrar la función llamada “Elementos de la oración”, en opciones de “Gramática” cuando sentí una auténtica calma. Con solo seleccionar una categoría (verbos, sustantivos, adjetivos, adverbios), el Lector Inmersivo resaltaba automáticamente las palabras correspondientes en colores. Por si fuera poco, la función permite agregar una pequeña indicación para que quien lee sepa a que hace referencia cada palabra resaltada, por ejemplo: al verbo le incluye un supraíndice con la letra “v”. Aquí les dejo una imagen:

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La única desventaja del Lector Inmersivo —compartida con Voyant Tools— es que aún no permite descargar el archivo con las marcas aplicadas. Sin embargo, no dudo que, en un futuro, esta función no solo estará disponible para descarga, sino que también podrá utilizarse desde la versión de escritorio. A pesar de las limitantes, estoy satisfecho: gracias a esta herramienta, la segunda etapa de mi trabajo será mucho más ágil. La tecnología ha hecho por mí una tarea que me habría tomado bastante tiempo.

Quiero cerrar este texto con una aclaración: las herramientas tecnológicas no sustituyen el talento ni la sensibilidad humana. Son solo instrumentos que pueden facilitar nuestro trabajo. Sé bien que podría recurrir a una IA para corregir por completo el cuento “El que viene”, pero siento que eso le arrebataría parte de su esencia, de su alma.

No critico a quienes usan la tecnología —de hecho, yo mismo lo hago—, simplemente pertenezco a una generación que aún prefiere el sabor del pan artesanal, elaborado con manos humanas, antes que uno producido por un sistema totalmente automatizado.

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*  Rubén Martínez nació en México en 1974. Cursó estudios en Economía en la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Azcapotzalco(UAM-A) y un posgrado en Educación. Actualmente imparte clases en el nivel licenciatura y posgrado.

Es aficionado a la escritura, y ha desarrollado artículos académicos, contenido para pódcast, así como una columna de opinión en el periódico Síntesis. Pero, durante la pandemia, por exceso de tiempo libre, retomó la escritura de un hecho que vivió de cerca —la experiencia de una niña de seis años, que tuvo contacto con un ente que aquejaba su existencia—, de lo cual surgió la publicación independiente del libro Amanecer (2021).

Alentado por lo anterior, decidió escribir cuentos; entre ellos “El intruso”, que resultó premiado con una mención honorífica, y fue publicado en una antología por editorial Ariadna. Desde ese momento decidió prepararse en diversos cursos y talleres, y llegó de esta manera al Taller de Corte y Corrección, donde su primer cuento trabajado fue “Ojos tristes”.

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