Por Karina Cohen *
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Rojo
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Espero que los vampiros me traigan
un caramelo rojo
a cambio de tanta sangre que di.
Pero ni eso, ni una mugrecita,
un coágulo, un hematoma
en el plexo hundido del ser.
A cambio una puñalada
una estocada final,
pero en la sequedad que me atraviesa
el desierto es lava.
Y se viene el fuego
salvaje.
Llamo a las bestias
que entienden mi lengua
y en hordas eufóricas
salimos por las calles
a recuperar la sangre
a pura dentellada.
Salimos a destrozar sus pálidos olimpos
levantados sobre los huesos de los pobres
y los hallamos dormidos
(porque ellos siempre están así:
dormidos)
y los carneamos y los repartimos
y yo solo muerdo un caramelo de sangre.
Es lo único que necesito.
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Día de calor de agosto
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Aferrada a la última gota del Carolina Herrera en mi pañuelo subo al 26
convertido en proletario sauna alimentado a chizitos sin marca
sé que al final del camino me espera un benteveo
él no tiene nariz
por eso canta
canta feliz en este día tortuoso de sol
no sabe que esta mañana un pájaro en la escuela decidió no nacer
tal vez aturdido de niños se lanzó
desde el techo del playón
aún albúmina y cáscara sangrante
tampoco sospecha que dijimos unas palabras ante su muerte estrellada
no sabe que los niños dejan de jugar cuando mueren los pájaros
como yo que no sudo
contagiada de niñez cuando subo a la peste del 26 y soy Carolina Herrera del oeste
esperando que me mandes el beso que todo lo salva
el beso benteveo
cantante
con olor a cuello en la distancia

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Selva muda
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Qué horrores estaremos masticando
que los muebles son los ataúdes de la conciencia.
La poesía se volvió póster
o peor
un manual de instrucciones para pobres felices.
Dejame de una vez en esta selva muda
que me devoro a mí misma
con tal de no ver tanta estulticia.
La sombra del último anciano atraviesa mi casa
lleva en sus espaldas los restos
del barbijo de Dios.
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Calamar volador japonés (Todarodes pacificus)

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Preciada raba originaria,
qué corta vida te arrastra del aire a la deriva.
Cuánto camino de sal volaste,
cuánta nostalgia en tu blanda cabeza.
Un poderoso bombeo te eyecta dentro del mar de tu amada
ahí, donde todo es un brazo que sacrificás
para seguir naciendo:
esa es tu casa, no Vietnam.
Como el quebrarse de tu carne transparente,
casi pez, te veo,
en tu estela retinta no hay pensamientos:
sólo viajar, nadar y volar
y en ese colmo de felicidad
sos prisionero del hambre.
Surcar Oriente no te alcanza
ni encaramarte en la fluidez del aire.
Nada te salva, céfalopez.
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Karina Cohen nació el 2 de febrero de 1969, en Capital Federal, aunque vivió su infancia en Moreno, Gran Buenos Aires oeste. Es maestra de educación primaria, docente y directora de danza contemporánea y poeta. Entre 1990 y 1999 formó parte de la agrupación musical Los Visitantes, que editaron seis discos y realizaron presentaciones en vivo. Simultáneamente, gestó los grupos de poesía Comando Literario y Verbonautas; con este último editó Acción poética (Eudeba, 1999). Ha sido invitada a leer en diversos festivales literarios.
Desde 2002 dirige varios elencos de danza contemporánea, entre ellos Comunidad Mutante, con quienes realiza obras de danza y poética.
Participó del Taller de Corte y Corrección de Marcelo di Marco, y actualmente trabaja en el de poesía con Analía Pinto.
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